SALÀS DE PALLARS

Museo de la Nostalgia

HISTORIA


Salàs ofrece una propuesta museística singular que consiste en recrear tiendas y espacios de época a partir de la exposición y divulgación de los bienes de consumo cotidianos.

Hay dos tipos de espacios que se ambientan:
* Los establecimientos que venían exclusivamente productos con marca ("ultramarinos y coloniales", farmacia, estanco, mercería-perfumería y quiosco).

* Los establecimientos que utilizan necesariamente algunos de estos bienes de consumo inmediatos con marca para ofrecer algún tipo de servicio (barbería, café, imprenta).
La ambientación de estos espacios se consigue a partir del mobiliario, de la exposición de los productos más representativos de cada periodo y de la exhibición de carteles y otros elementos publicitarios.

MERCERIA - PERFUMERIA


En la mercería se muestra un universo femenino relacionado con los materiales necesarios para el cuidado de la ropa: mercería (fábrica Fabra i Coats), herramientas para coser y zurcir, botones y mecanismos para abrochar, etc.


En otro apartado se exponen cajas de medias con variadas ilustraciones y una amplia selección de ropa interior. Con estos dos tipos de ropa interior se articula un discurso que explica, a través del acortamiento de las faldas y del paso del corsé en el sujetador, el proceso de liberación de la mujer a lo largo del siglo XX.


En el apartado destinado a la perfumería se experimenta con el mundo intangible de los olores a través de las empresas españolas de perfume más conocidas: GAL, Floralia, Myrurgia, Puig y Parera.

FARMACIA


A pesar de este establecimiento no se encontraba presente en la mayoría de pueblos pequeños de nuestro territorio, ha generado una serie de imágenes y publicidad comercial tan importante como los productos de alimentación o de limpieza.


Utilizando dos espacios diferentes, se explica el paso del boticario al farmacéutico. En el primero encontramos la elaboración de las fórmulas magistrales a partir de hierbas medicinales y de diferentes componentes que proporcionaban los tenderos. A continuación se pasa a la farmacia moderna vinculada a la aparición de los medicamentos con marca.


Los visitantes hacen un viaje en el tiempo recordando marcas evocadoras como Pelargón, linimentos Sloan, Lapiz Termosan, Cerebrino Mandri, pastillas del Doctor Andreu o el Agua de Carabaña.

CAFÉ


Ubicado en el lugar donde estaban los antiguos graneros de la casa, la ambientación muestra los rasgos más característicos que tenían este tipo de establecimientos durante los años 50 y 60 del siglo pasado: mobiliario, vasijas y aparatos relacionados con este tipo de establecimientos, las bebidas más representativas de ese periodo, los juegos más populares (futbolín, billar y pinball), la ambientación musical con los diferentes aparatos de cada época.


Desde el punto de vista discursivo la ambientación de este local permite mostrar cómo el café convertía el espacio de encuentro más importante que había en las sociedades tradicionales.

BARBERIA


A pesar de tratarse de un oficio, la barbería tiene unas características similares a las de una tienda.

En las estanterías encontramos expuestos todo tipo de perfumes y productos cosméticos vinculados al mundo masculino, imprescindibles para afeitar o cortar el pelo.


En las paredes hay colgados calendarios y propaganda comercial. Sobre un banco hay revistas, periódicos y cómics. La ambientación del conjunto parece más a una tienda que a un oficio tradicional.




HORARIO DE VERANO

Del 1 de julio al 15 de septiembre

Martes 12:00

Miércoles (sólo agosto) 16:30

Jueves 10:00 12:00

Viernes 16:30 18:00

Sábados 10:00 12:00 16:30

Domingos y festivos 10:00 11:00 12:00 13:00



HORARIO DE INVIERNO

Del 16 de septiembre al 30 de junio

Martes 12:00

Jueves 12:00

Viernes 18:00

Sábados 10:00 12:00 16:30

Domingos y festivos 10:00 11:00 12:00 13:00


(*) Para más información llamar al 973 676 266 o escribir un correo electrónico a ciac@salas.cat




22 septiembre, 2018


“Netol, brilla tanto como el sol”, rezaba uno de los muchos eslóganes utilizados por los empresarios Fresneda y Lorán, establecidos a principios del siglo pasado en la Ronda de Sant Pere de Barcelona, para publicitar su limpiador y abrillantador de metales. En sus anuncios también aparecía la imagen de un mayordomo con su pajarita, su chaleco de rayas y sus prominentes –e icónicas para muchas generaciones– mejillas.


Protagonista absoluto en las etiquetas de los envases de Netol, el mayordomo nos observa desde una estantería de Ultramarinos y Coloniales, uno de los ocho espacios de las tiendas-museo de Salàs de Pallars (Lleida), un fascinante lugar de memoria que recupera lavida de los comercios en los pueblos de montaña, pero también un curioso conjunto museístico que recorre la historia de los bienes de consumo cotidiano y de la publicidad y el ‘packaging’ nacional a lo largo de un siglo, entre 1870 y 1970.

DEL HOBBY AL DISCURSO



Todo empezó hace unos veinticinco años, cuando los padres de Siscu Farràs cerraron por jubilación un pequeño colmado que habían regentado toda la vida en Salàs de Pallars, una villa medieval situada entre Tremp y la Pobla de Segur, en la comarca del Pallars Jussà, que a día de hoy cuenta con apenas trescientos habitantes censados.
Siscu heredó algunas estanterías de la tienda y las puso en el garaje de su casa. Poco a poco fue llenándolas con latas, cajas y envases. “No tenía ningún afán coleccionista, solo era un hobby”, explica. Sin darse cuenta, aquel espacio se convirtió en la reproducción de una tienda de ultramarinos, un lugar cargado de recortes de historia que hoy alberga auténticas joyas, como botellas de lejía Fénix, cajas de polvos Norit, frascos de insecticida Flit, botellas de Anís del Mono y carteles publicitarios con lemas tan conocidos como “Tintes Iberia, lo mejor para teñir en casa” o “Cola Cao, el alimento de la juventud”.



Siscu, profesor de Historia, vio enseguida que aquello era “un proyecto inédito a nivel de país”, y supo aprovechar el discurso que generaban esos objetos para sus clases en un instituto de Tremp. Podía explicar cómo funcionaba la venta a granel, reflexionar con sus alumnos sobre el paso del mundo artesanal al industrial y sobre los cambios en nuestros hábitos de consumo cotidianos o, simplemente, narrarles cómo tuvo lugar la aparición de las marcas y la explosión de la publicidad en nuestro país.

UN PROYECTO EN ALZA



Aquello le animó, y fue recuperando locales del pueblo en los que recrear otros antiguos comercios. Primero fue la barbería, y pronto le siguieron la farmacia, el estanco y también la perfumería-mercería. Más tarde llegarían el bar, el quiosco y la imprenta. “No era muy consciente, iba acumulando material y poco a poco el proyecto fue creciendo. Fue entonces cuando empecé a entrar en contacto con el coleccionismo, algo que desconocía por completo”, afirma.


Ha encontrado objetos en comercios que cerraban y también entre su red de contactos coleccionistas. Y los ha adquirido siguiendo siempre un buen criterio, “que toquen nuestra memoria, que evoquen el recuerdo”.Un precioso cartel-espejo de Chartreuse y un futbolín de época para el bar; frascos de colonia Varon Dandy, jabones La Maja de Myrurgia y cajas de hilos Fabra i Coats para la perfumería-mercería; así como cómics del Capitán Trueno, canicas, peonzas, carteles publicitarios del chicle Bazooka y cuentos troquelados ilustrados por Ferrándiz para el quiosco. “No tengo ni idea de la cantidad de piezas que hay, no está catalogado. Miles”, afirma despreocupado. “Lo que me gusta es crear escenografías y el discurso que se genera detrás”.



Aquello le animó, y fue recuperando locales del pueblo en los que recrear otros antiguos comercios. Primero fue la barbería, y pronto le siguieron la farmacia, el estanco y también la perfumería-mercería. Más tarde llegarían el bar, el quiosco y la imprenta. “No era muy consciente, iba acumulando material y poco a poco el proyecto fue creciendo. Fue entonces cuando empecé a entrar en contacto con el coleccionismo, algo que desconocía por completo”, afirma.
Ha encontrado objetos en comercios que cerraban y también entre su red de contactos coleccionistas. Y los ha adquirido siguiendo siempre un buen criterio, “que toquen nuestra memoria, que evoquen el recuerdo”.
Un precioso cartel-espejo de Chartreuse y un futbolín de época para el bar; frascos de colonia Varon Dandy, jabones La Maja de Myrurgia y cajas de hilos Fabra i Coats para la perfumería-mercería; así como cómics del Capitán Trueno, canicas, peonzas, carteles publicitarios del chicle Bazooka y cuentos troquelados ilustrados por Ferrándiz para el quiosco. “No tengo ni idea de la cantidad de piezas que hay, no está catalogado. Miles”, afirma despreocupado. “Lo que me gusta es crear escenografías y el discurso que se genera detrás”.

TRANSFORMACIÓN DEL PUEBLO



Hace diez años, Siscu estableció un convenio con el Ayuntamiento de Salàs de Pallars y convirtieron todo este conjunto en museo. Así fue como se empezaron a organizar las visitas guiadas –la entrada de adulto cuesta 5€ y está abierto todo el año, pero conviene consultar antes los horarios de visita–, que se inician en el Centro de Interpretación del Antiguo Comercio (CIAC). Lo que hace diferente a este conjunto, respecto a otros museos similares de Europa, es su idiosincrasia, el hecho de que los espacios estén diseminados por el casco antiguo del pueblo, ocupando locales en las plantas bajas de las casas. Eso le otorga un “encanto especial”, dice Farràs.
Las tiendas-museo de Salàs recibieron 10.700 visitantes en 2017, convirtiéndose en el museo más visitado de la comarca. El proyecto continúa creciendo, y este verano han incorporado al conjunto un café histórico del pueblo. Un espacio que surtía de bebidas a los asistentes a la Feria de Ganado, un importante evento económico para la villa, que comenzó en la época medieval y se celebró hasta finales de los año 50 del siglo XX. Una vez al año, en noviembre, el pueblo organiza una recreación de esa feria. Otra excusa para visitar Salàs de Pallars y dejarse llevar por la nostalgia que los objetos del día a día generan a los mayores, pero también a los más jóvenes.